Padre Salvador Gonzalez, OMI: Es Cuaresma otra vez!

Originalmente publicado en el Mensajero para los lectores de lengua español e inglés en la diócesis de Belleville.  

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Padre Salvador Gonzalez, OMI

Padre Salvador Gonzalez, OMI

Algunas cosas en la vida son seguras que van a llegar muy rápido.  Año tras año, la Cuaresma nos llega de sorpresa. Celebrar la Cuaresma forma un signo de identidad de nuestra fe. Vivir y celebrar la cuaresma es más que una “observancia” es  reconocer -además de nuestra pertenencia a una tradición-, que en nuestra valoración del tiempo hay un espacio para Dios; que para nosotros es Alguien importante, muy importante. Es, sencillamente, reconocer que no todos los días ni todos los tiempos del año son iguales. Por lo tanto no tenemos por qué vivir la Cuaresma de la misma manera todos los años.

La Iglesia nos invita a entrar en este tiempo sagrado y vivir de una manera nueva nuestra preparación a la Pascua.

Aquí les propongo algunos enfoques diferentes para vivir esta Cuaresma

  1. Cuaresma cristocéntrica. Cristo es el centro de todo tiempo litúrgico incluyendo la Cuaresma; Cristo en su estado de sufrimiento y muerte a causa del mal y al servicio de nuestra conversión y de nuestro perdón. El centro es Cristo. El camino es Cristo. Otros caminos serán buenos si conducen a Cristo. Otras doctrinas, carismas, devociones valdrán algo si desembocan límpidamente en Cristo. No anteponer nada al Amor de Cristo.
  2. Cuaresma contemplativa: Contemplar para escuchar la voz de Dios. Para estar pendientes y atentos a la construcción de su Reino. La vida contemplativa se acerca tanto al misterio de Dios que el mundo no la entiende.
  3. Cuaresma eclesial: Cuaresma vivida en “Iglesia” para sentirnos más “Iglesia”, más comunidad de Cristo. La comunidad es la común unidad de cada uno y de todos con Cristo. La vida comunitaria no consiste en estar juntos o en cooperar para una determinada tarea de carácter social o apostólico, sino en estar afectiva y realmente unidos con Cristo y entre sí compartiendo todo desde los niveles más profundos.
  1. Cuaresma sacramental: Redescubrir el bautismo con que fuimos injertados en la muerte y resurrección de Cristo y llenados de su Espíritu por la confirmación. Revisar el sacramento de la confesión para vivirlo desde una actitud penitencial que nos lleve a la reconciliación con Dios, y con los hermanos. Vivencia de la Eucaristía, celebrada conscientemente, desde la fe y el amor.
  1. Cuaresma samaritana: Amar de verdad, servir, ayudar, solidarizarse con los demás, especialmente con los que sufren y con los más necesitados. Procurar no agriar más las distancias y divisiones dentro de la Iglesia. Ser fermento de unidad en la fraternidad. Dar sin esperar recompensa y darlo con amor.
  1. Cuaresma llena de alegría: Cuando ayunes, cuando ores, cuando des limosna, siempre con alegría evangélica. La alegría cristiana ha de impregnar toda nuestra vida. Debe ser como un signo de nuestra identidad. La celebración de la Cuaresma —camino de la Pascua— ha de provocar en nosotros una experiencia de profunda alegría. Hemos de ser la comunidad de  alegría, el pueblo de las Bienaventuranzas porque creemos en Jesús y conocemos su presencia en medio de nuestras debilidades.

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