Ayudar a las personas inseguras ?

Publicado Originalmente en OMIWORLD.ORG
 Haga clic aquí para leer en ingles

573-dionne3El Hermano Daniel DIONNE es oblato profeso desde 1990. Como tal ha servido en formas diversas en su natal Canadá y en EE.UU. En este texto reflexiona sobre los rostros de los pobres tal y como los ha visto.

Hasta ahora, mi camino me ha llevado por el Oeste de Canadá, a las comunidades más aisladas del lejano Norte y últimamente, el Sur de EE.UU.: Nueva Orleans. Ahora marcho al Noreste. He llegado a Hamilton, Ontario. Hay muchas cosas que hacen que estos lugares sean diferentes entre sí, pero por otro lado comparten algunas preocupaciones comunes.573-dionne-1

Cuando vivía en las comunidades más pequeñas y menos pobladas, las necesidades de los pobres recaían sobre la comunidad en su conjunto. Así, he presenciado en estos lugares numerosos actos de misericordia muy bellos. En las ciudades más grandes, fui testigo del deseo de hacer más para responder a la pobreza. El problema es que la pobreza tiene muchos rostros y requiere unas “lentes” especiales para responder – falta de alimento y ropa y las diferentes necesidades médicas. Hay muchas necesidades específicas que requieren una respuesta particular. Tal vez un área de preocupación que más atrae la atención de nuestra sociedad actual es la enfermedad mental y los desórdenes emocionales.

He llamado a este artículo “Ayudar a las personas inseguras”. La razón por la que utilizo esta palabra, “inseguras” es que creo que las inseguridades son temporales y pueden ser superadas. Siempre que las he detectado, he podido observar que se daba también un deseo de tratar de ayudar a la persona insegura, y aunque puede ser una ayuda a corto plazo, el esfuerzo continúa y se ha fomentado el deseo de ayudar a la gente.

573-dionne-2No piensen ni por un segundo que es dar a la persona algo de comida, dinero o ropa lo que nos reporta la mayor recompensa. La mayor recompensa siempre llega desde la gratitud que con frecuencia nos muestra la persona; y esto sólo se da cuando “simplemente” pasamos algo de tiempo escuchando y empatizando. La llamada es a mostrar un “amor incondicional”, como aquel que siempre vemos en el Evangelio: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”. Es lógico que el equipo pastoral de la parroquia haya escogido este lema porque es algo que toda persona puede hacer y que no nos cuesta nada, sólo tiempo, y es lo que mejor funciona, sin juzgar.

En Nueva Orleans nuestro equipo vio personas sin techo y personas inseguras, ambos esperando que alguien les echara una mano, vio personas necesitadas y otras quizás más pobres. Tratamos de ayudar a todos pero observamos que era muy fácil dejar pasar a los auténticos sin techo y a las personas despreciadas. Algunos hacían mucho ruido y llamaban más la atención hacia ellos mismos, pero no eran tan pobres o tan sin techo como cabría pensar. Lo contrario, sin embargo, sí se cumple en aquellos que no tienen nada. Nunca atraen la atención hacia sí mismo y casi nunca hacen ruido. No pierdas la oportunidad de encontrar estas personas en sus lugares y comprende lo que Cristo quería decir cuando dijo: “Pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre”, (Mt 26, 11). Ahora que Jesús ha resucitado, una vez más nos volvemos hacia los pobres, y esta vez podemos contemplar el rostro de Cristo en cada persona que encontramos; y nos preguntamos si ellos ven en nosotros el amor incondicional que ha sido derramado sobre nosotros. (http://www.omilacombe.ca/)