Cristianos y musulmanes dando gracias por la presencia misionera en el Sáhara.

Sáhara

Publicado originalmente en OMIWORLD.ORG

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En julio de 1954, durante el Año santo Mariano conmemorando el centenario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, el Papa Pío XII creaba la Prefectura Apostólica del Sáhara confiada a los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Con este acto se siembran las primeras semillas para que la Iglesia eche sus raíces en este territorio cuya población local era y es en su totalidad musulmana. El P. Leo Deschâtelets, OMI, por entonces Superior general, había dejado escrito al grupo de misioneros: “No seremos verdaderos misioneros si no nos ocupamos de los musulmanes”. En agosto de 1954 llegaban los primeros misioneros Oblatos encabezados por Félix ERVITI, recién nombrado Prefecto Apostólico. A él seguirían no menos de 35 Oblatos que fueron dejando su huella. 65 años después, musulmanes y  cristianos hacían memoria agradecida de su benéfica presencia en esta tierra. 

En julio de 1954, durante el Año santo Mariano conmemorando el centenario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, el Papa Pío XII creaba la Prefectura Apostólica del Sáhara confiada a los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Con este acto se siembran las primeras semillas para que la Iglesia eche sus raíces en este territorio cuya población local era y es en su totalidad musulmana. El P. Leo Deschâtelets, OMI, por entonces Superior general, había dejado escrito al grupo de misioneros: “No seremos verdaderos misioneros si no nos ocupamos de los musulmanes”. En agosto de 1954 llegaban los primeros misioneros Oblatos encabezados por Félix ERVITI, recién nombrado Prefecto Apostólico. A él seguirían no menos de 35 Oblatos que fueron dejando su huella. 65 años después, musulmanes y  cristianos hacían memoria agradecida de su benéfica presencia en esta tierra. 

Las celebraciones de este jubileo tuvieron lugar en dos fechas distintas y dos lugares separados por más de 500 kilómetros de distancia. El domingo 17 de noviembre de 2019 en Dajla y el domingo siguiente en El Aaiún. Por la mañana, la pequeña comunidad cristiana daba gracias a Dios solemnizando la Eucaristía  con ritmos africanos en el primer caso y ensanchando el horizonte al mundo entero por la presencia de representantes de todos los continentes en el segundo. Nuestras comunidades cristianas están formadas por trabajadores o emigrantes itinerantes presentes solo de una forma temporal. Los Oblatos, única presencia permanente, hacen camino con ellos a la vez que aprendemos juntos a ser testigos de Jesús y su Evangelio en un contexto Islámico. Somos una Iglesia pequeña, fermento de fraternidad y sembradores de esperanza que junto con nuestros hermanos musulmanes caminamos en este desierto que nos rodea y nos inspira, luchando por un mundo más fraterno y más justo. Iglesia pequeña, como el grano de mostaza: hablamos de 35 los que celebramos en Dakhla y 15 en El Aaiún…

La segunda parte de la celebración fue el encuentro con la población local para darnos mutuamente las gracias y juntos dar gracias a Dios. Y allí se sobrepasaron todas las expectativas, no sólo por la afluencia muy numerosa de aquellos que vinieron, sino por el ambiente que se creó. La memoria de los misioneros que pasaron está muy viva entre los musulmanes que aprecian esa presencia sencilla de Iglesia en su tierra. La emoción iba en aumento al recordarlos contemplando las fotografías: las historias y anécdotas se sucedían en los pequeños corros. Alguna lágrima se derramó al recordar momentos felices y dolorosos vividos juntos y sobre todo al escuchar el mensaje registrado en video del P. Camilo GONZÁLEZ, que pasó más de 45 años en la misión.

Mario LEÓN, Prefecto Apostólico del Sáhara, subrayó que para nosotros, los misioneros oblatos, es un regalo de Dios estar aquí y que este encuentro de tantos amigos musulmanes con la pequeña comunidad cristiana era también un compromiso para seguir caminando juntos. Las caras de reconocimiento eran evidentes al escuchar en árabe partes de su intervención que incluyeron citas del Corán y que se completó en francés, castellano e inglés. Incluso la prensa y televisión local hicieron eco de ello. Más tarde hubo algunas pequeñas intervenciones de personas reconocidas en la sociedad local que quisieron agradecer la presencia de la Iglesia durante los últimos 65 años. Contamos también con representantes locales del Ministerio para Asuntos Religiosos que insistieron en la benéfica convivencia de las dos religiones.

Finalizamos estos encuentros con un ágape fraterno que nos permitió seguir hablando y soñando para poder seguir caminando juntos. Y por soñar que no quede ya que quizás, con muchos años de distancia y en contexto muy diferente, estemos simplemente compartiendo el sueño del Fundador cuando envió a sus oblatos a Argelia.