Oraison: Orando con la Familia Mazenodiana en April

“En la oración silenciosa y prolongada de cada día, nos dejamos modelar por el Señor y encontramos en él inspiración para nuestra conducta,” (Regla de Vida OMI, 33).   

 La práctica de Oraison formaba una parte importante en la oración diaria de San Eugenio durante la cual entraba en comunión con los miembros de su familia misionera. Mientras que ellos se encontraban en Francia, se les hacía fácil juntarse en oración alrededor del mismo horario. Cuando los misioneros Oblatos comenzaron a ser enviados a los varios continentes ya no les era posible orar al mismo tiempo. Sin embargo, cada día había un tiempo cuando se detenían para orar en unión uno con el otro—aunque no fuera al mismo tiempo.     

Esta es una práctica que Eugenio quería que su familia religiosa mantuviera. Por eso les invitamos a formar parte de esta práctica de Oraisonel domingo, 19 de abril, 2020, celebrando el gozo de la Pascua de Resurrección. 


 De una carta de San Eugenio a su madre del 4 de abril, 1809: 

Después de haberle acompañado en todas las dolorosas circunstancias de su pasión, después de haber llorado por los tormentos que le hicieron soportar, qué consolador es verle resucitar triunfador de la muerte y del infierno, y qué agradecimiento debe henchir nuestros corazones al pensar que este buen Maestro ha querido hacernos partícipes de su Resurrec-ción destruyendo en nosotros el pecado y dándonos una nueva vida. 

1 Pedro 1:3-9 

Su poder divino, en efecto, nos ha concedido gratuitamente todo lo necesario para la vida y la piedad, haciéndonos conocer a aquel que nos llamó por la fuerza de su propia gloria. Gracias a ella, se nos han concedido las más grandes y valiosas promesas, a fin de que ustedes lleguen a participar de la naturaleza divina, sustrayéndose a la corrupción que reina en el mundo a causa de la concupiscencia. Por esta misma razón, pongan todo el empeño posible en unir a la fe, la virtud; a la virtud, el conocimiento; al conocimiento, la templanza; a la templanza, la perseverancia; a la perseverancia, la piedad; a la piedad, el espíritu fraternal, y al espíritu fraternal, el amor. Porque si ustedes poseen estas cosas en abundancia, no permanecerán inactivos ni estériles en lo que se refiere al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. El que no las posee es un ciego, un miope, porque olvida que ha sido purificado de sus pecados pasados.