Interculturalidad en la formaciòn oblata: Oportunidades y retos.

Publicado Originalmente en OMIWORLD.ORG

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P. Ross B. Kapunan, OMI
Escolasticado de la Asunción de Nuestra Señora (Quenzon City, Filipinas)

Introducción

El conflicto étnico que encontramos persistentemente en el mundo actual a pesar de que las sociedades son mucho más pluralistas y multiculturales, refleja entre otras cosas un fracaso en la convivencia multicultural[1]. Como diría Gittins, podemos estar viviendo juntos separadamente. Dicho de otra forma, podemos cruzar nuestros caminos cada día pero nunca haber cruzado nuestras vidas. El acontecimiento actual que exhibe con evidencia esta dificultad multicultural es la manera en que la gente de color es tratada y percibida en los Estados Unidos, situación que ha provocado las protestas “black lives matter” (las vidas  de las personas negras importan). El aparente prejuicio basado en el color de la piel manifiesta una profunda y arraigada división cultural: los de piel blanca por encima de los de piel negra, roja, amarilla o morena. Ni siquiera hay que decir que la humanidad, hasta este mismo momento, tiene que superar todavía los prejuicios raciales basados en el color de la piel. Entre nosotros, los oblatos, ¿podemos examinarnos con honestidad para ver dónde nos encontramos a este respecto? El documento del Capítulo General de 2016 describe de forma vivaz la experiencia de nuestra congregación cuando dice: “Este difícil encuentro de culturas también nos afecta a nosotros, misioneros oblatos. Cuando los oblatos llegan a una nueva unidad, la integración no siempre es fácil[2]. Por eso habilitar una formación misionera en un contexto multicultural es hoy cada vez más relevante e indispensable.

El Escolasticado de la Asunción de Nuestra Señora de la Provincia de Filipinas se ha convertido en uno auténticamente internacional/multicultural durante los últimos años[3]. Procedentes de tres nacionalidades incialmente, creció hasta llegar a once en los últimos cuatro años. Actualmente tenemos post-novicios procedentes de Kenia, Camerún, Lesoto, Congo, Tailandia, Vietnam, Sri Lanka-Jaffna, Corea del Sur, Hong Kong-China, India y Filipinas. El equipo de formadores está igualmente compuesto por diferentes nacionalidades de procedencia: Filipinas, Sri Lanka-Jaffna y Lesoto. Pero convertirnos en una auténtica comunidad intercultural sigue siendo un proceso. De todas formas un paso importante se ha dado ya. La formación a la interculturalidad solo puede ocurrir entre los miembros de una comunidad con procedencias culturales diversas.

De acuerdo con esto, ¿cuáles son entonces las oportunidades y los retos de hacer la formación en un contexto internacional/multicultural? Permítaseme compartir algunos pensamientos y experiencias que de todas formas no pueden recoger todas las experiencias comunes pero que espero puedan ofrecer algunos puntos para continuar en el futuro la reflexión y la discusión.

Algunas Oportunidades

1.Experiencia de la internacionalidad de la congregación.

Salir de tu propio país y vivir en otro ya brinda una inmensa oportunidad. ¡Viajar es una oportunidad que nadie quiere perderse! Podemos decir que la información tecnológica nos ha hecho conscientes de la internacionalidad de la congregación. Sin embargo, experimentar la internacionalidad es un asunto diferente. ¡La oportunidad por tanto se encuentra en la misma experiencia! La experiencia es esencial para la formación a la interculturalidad. Sólo puede ocurrir cuando gente de proveniencias culturales diversas experimenten de veras la convivencia entre ellos.

2. Experiencia de la diversidad de las culturas

Vivir juntos bajo el mismo techo con once educaciones culturales diferentes no significa de ninguna manera tener una experiencia confortable. Como dice el refrán, es más natural que “los pájaros con el  mismo plumaje hagan bandada”. Por eso mismo, vivir con otros que son tan diferentes de uno mismo, necesita un verdadero compromiso deliberado. Puede ser una experiencia muy estresante cuando cada uno actúa y piensa de una manera diferente. Pero no por eso menos, esta experiencia de diversidad puede ser también una experiencia excepcionalmente emocionante. Solo requiere un espíritu aventurero y una mente curiosa y apreciativa para cambiar las experiencias no placenteras en otras que nos enriquezcan fantásticamente. Así, casi sin darse cuenta, con el paso de algunos años, uno puede desarrollar un “gusto” por la cultura del otro. Aquel gusto entonces extraño, es ahora familiar; lo repulsivo se convierte en delicioso, como es el caso del durian y el balut (Nota del traductor, durian: fruto de un fuerte olor repulsivo pero delicioso al gusto; balut: huevo con el embrión de pollo desarrollado. Ambos muy apreciados en Filipinas).

3. Aprender uno o dos nuevos idiomas

Obviamente, aprender un nuevo idioma es una oportunidad fantástica. Aquí el inglés es el idioma de la comunidad pero también  se organizan clases de filipino. Esto dará a los post-novicios y al equipo de formadores una buena oportunidad para comunicarse usando el idioma del pueblo, especialmente el de los pobres de esta zona. Del mismo modo será una gran ventaja aprender filipino ya que todo el mundo sabe que los filipinos están diseminados por todos los rincones de la tierra (¡incluso en Lesoto!)

4. Una visión misionera más amplia.

A un nivel más profundo, la experiencia de formación en un contexto culturalmente diverso al propio promueve una visión global de la congregación y de la misión. El intercambio de experiencias de los diversos contextos misioneros ensancha la visión propia del trabajo misionero de los oblatos. Esto abre considerablemente las posibilidades para ser enviado como misionero a otro país. Hablando desde el punto de vista psicológico, prepara a los futuros oblatos para ser misioneros ad extra.

5. Ser probado y ensancharse

Lo más difícil pero también lo más benéfico de todo, es la oportunidad de ser puesto a prueba. Es una ocasión para madurar. El hombre apostólico debe aprender a adaptarse a los nuevos ambientes. Solo los que pueden perseverar en situaciones difíciles y que no son familiares, pueden perseverar también allá donde sean enviados.

Algunos retos

1.Preparación psico-emocional inadecuada

Algunos post-novicios traen una pesada historia a nivel emocional al abandonar su familia y su provincia de origen. Un ejemplo: a un escolástico le llevó un semestre entero salir de su soledad al ser separado de su familia por primera vez en su vida. Ni comía ni dormía bien. Con frecuencia llamaba por teléfono a su casa. No estaba equipado personalmente para adaptarse a un nuevo ambiente al ser “desenraizado”. A pesar de todo, también fue para él una oportunidad para crecer. Según mi propio análisis, no estaba previamente preparado psico-emocionalmente antes de ser enviado. Esto se debe tener en cuenta antes de enviar un misionero por primera vez lejos de su provincia de origen.

2. Una orientación misionera estrecha.

La falta de una orientación misionera amplia también supone un reto. Los post-novicios que vienen de unidades  que tienen una visión propia cerrada que probablemente ha sido cultivada  por sus propias unidades, tienen dificultad para entrar en las culturas de los otros. Su tendencia es a estar siempre juntos y estar pensando siempre en su regreso a las unidades de origen después de su formación. Su orientación puede entorpecer un esfuerzo pleno y activo para aprender un idioma, apreciar el idioma y la cultura de la unidad que los acoge y más todavía para integrar esto en su forma de vida y misión. Que pertenecemos a una congregación global necesita ser fuertemente enfatizado.

3. Conflictos culturales (especialmente la “cultura eclesial y oblata”)

Es inherente a cada persona sentirse orgulloso de su propia cultura. Cada uno piensa que la suya es la mejor. Cuando una persona encuentra otra cultura, su tendencia es a reafirmarse en sus tradiciones, métodos y maneras de hacer propias de casa. Normalmente esto se expresa diciendo “en mi país se hace así…”; por eso damos por naturalmente descontado que los conflictos culturales pueden surgir en una comunidad con diversidad cultural. Sin embargo y basado en la experiencia, los conflictos más contenciosos se producen más bien por las diferentes “culturas oblatas y eclesiales”[4]: la manera en que se deben hacer las cosas, las normas de comportamiento, las prácticas litúrgicas, la organización de la vida en común, el ejercicio de la autoridad, etc… Dicho de otro modo, en cada uno de nosotros existen tendencias de ser culturalmente rígidos. En una encuesta que realicé, algunas de estas manifestaciones se articularon como imponer la propia cultura a los otros, grandes exigencias a los demás pero no a uno mismo, ”una mentalidad abierta solo a medias”. Una buena sesión de orientación intercultural es extremadamente necesaria para poder afrontar este asunto.  

4. Pasar de una cosmovisión etnocéntrica a otra etnorelativa

Uno de los retos decisivos de la formación en un contexto internacional/multicultural, es el paso de una cosmovisión etnocéntrica[5] a otra etnorelativa[6]. Esto implica un examen personal profundo sobre la propia cultura. También exige dar pasos desde la negación[7], polarización[8] y minimización[9], hacia las actitudes de aceptación, adaptación e integración. Un buen indicador de esto es cuando los formandos aprenden a apreciar la cultura ajena, se abren a aprender nuevas cosas, aceptan la realidad tal como es, buscan comprender, tienen curiosidad, etc. Al contrario, una señal negativa aparece cuando hay una tendencia hacia la rígida auto-preservación, los prejuicios raciales, aislamiento, exclusión, etc…

Conclusión

Concluyendo, Gittings repite que Dios creó una comunidad inclusiva y que por eso estamos llamados a construir un hogar donde todos puedan vivir y al que cada uno pueda pertenecer. Lo que la formación intercultural espera conseguir es desarrollar el respeto por la cultura ajena que se muestra en las relaciones interpersonales auténticas así como en la apreciación del genio cultural en sí…Esta parece ser la tarea de la interculturalidad en la formación oblata. Cómo hacer para que cada uno tenga un compromiso deliberado y vivirlo concretamente, sigue siendo el reto.    

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[1] Por convivencia intercultural entendemos “un intercambio mutuo entre culturas que pueda guiar a la trasformación y enriquecimiento de todos los involucrados”

[2] #57

[3] Ser verdaderamente intercultural es un proceso permanente

[4] Conflictos culturales triviales incluyen cosas como si la comida debe tener especies o no, más o menos salada, etc…

[5] Experimentar la propia cultura como central a la realidad o como la realidad en sí misma. Las propias creencias y comportamientos permanecen por eso incuestionables y se acepta que “así son las cosas en realidad”.

[6] La propia cultura es contextualizada en relación con las otras. Los etnorelativos son conscientes de la propia cultura y la de los otros y por tanto adaptan su manera de acercarse y controlan sus reacciones instintivas hacia “el otro”

[7] El intento puro y duro de ser indiferente a las diferencias culturales en su totalidad. Evita advertirlas o negociar con las diferencias culturales.

[8] La situación en que la propia cultura es la única viable; la forma más evolucionada de civilización o al menos la única manera de vivir bien.

[9] La situación en que los elementos de la cosmovisión de la propia cultura se experimentan como universales. Se asume que solo hay una manera universal de hacer las cosas y esa es la mía.