¡Hay que intentarlo todo!: El reto de nuestro Fundador para nuestros días

Publicado Originalmente en OMIWORLD.ORG

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He aquí el cuarto de una serie de materiales de animación para la preparación de nuestro 37º Capítulo General. Estos documentos estarán basados en el tema de nuestro Capítulo – Peregrinos de la esperanza en comunión y tendrán como objetivo la reflexión y el debate personal y comunitario. El primero, ha sido preparado por el P. Warren Brown, OMI, la segunda, por el P. Chicho Rois, OMI, y la tercera, por el PHipólito Olea Tinoco, OMI.


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P. Ronald Rolheiser, OMI
Oblate School of Theology, San Antonio, Texas

¡Hay que intentarlo todo por el Evangelio! En ninguna otra época de nuestra historia, exceptuando tal vez los primeros años cuando el Fundador estaba empezando una pequeñísima e incipiente congregación, han sido tan urgentes estas palabras a la hora de definir nuestro reto. Como oblatos nos enfrentamos a un número de desafíos importantes en cuanto a dónde creceremos en las zonas más jóvenes de la congregación y cómo sobreviviremos en las zonas envejecidas de la congregación. ¿Qué puede caracterizar nuestro crecimiento en Asia, África, América Latina y algunas zonas del Este de Europa? ¿Cómo sobrevivirá la congregación en Europa occidental, Norteamérica y en algunas otras partes del mundo?

Evidentemente, estas cuestiones nos llaman a una nueva audacia, tanto en los sectores más jóvenes de nuestra congregación como en sus miembros más ancianos. Permítaseme referirme a las dos de manera separada.  

¡Intentarlo todo por el Evangelio! ¿Cuál es el reto que estas palabras nos presenta hoy para los sectores ancianos de la congregación, de manera más específica, para los oblatos en Europa Occidental, Norteamérica, Australia, Japón, Corea del Sur y otras zonas de la congregación donde nuestros números están disminuyendo, la media de edad es muy alta y recibimos pocas o ninguna nueva vocación?Quizás dos imágenes pueden ayudarnos en nuestra reflexión, a saber, la de Abraham y Sara que tuvieron un hijo en sus años postmenopáusicos, y el concepto de muerte por hipotermia.

Las Escrituras nos dicen que Abraham tenía ochenta años y Sara setenta cuando Dios les dijo que salieran hacia una nueva tierra donde darían a luz a un nuevo hijo. Ellos creyeron en la promesa, aunque era humanamente imposible, y salieron hacia esa nueva tierra, pero pasaron veinte años hasta que llegaron allí. Entonces Abraham tenía cien años y Sara noventa cuando quedó en cinta y dio a luz un nuevo hijo. Lo que históricamente realmente ocurrió está fuera de nuestro alcance, pero nos presenta una metáfora subyacente potente, esto es, que podemos quedar embarazados y dar a luz una nueva vida mucho después de que esto sea imposible en términos de la lógica humana y el sentido común. Dios puede dar una nueva vida mucho después de que el sentido común nos diga que no puede ocurrir. Pero todo esto se fundamenta en la confianza y la audacia.   

Me gustaría relacionar esto con el segundo concepto: la muerte por hipotermia. Cuando un cuerpo muere expuesto al frío, muere de esa manera. A medida que el frío comienza a acosar cada vez más a la persona, el cuerpo entra en pánico, empuja toda su sangre alrededor de los órganos vitales, el corazón y los pulmones y luego comienzan los espasmos y muere. Con frecuencia las congregaciones religiosas mueren exactamente de la misma manera. Al faltar los miembros más jóvenes y la energía juvenil, ante una membresía envejecida y sin nuevas vocaciones, es fácil, de hecho es natural, comenzar a empujar la sangre en torno a los órganos vitales y luego morir. He visto esto en un número de comunidades religiosas femeninas durante los últimos años y veo ese peligro en algunas zonas de nuestra propia congregación. ¿Cuál es la solución?   

¡Nueva audacia! Cuando envejecemos, disminuimos en número y tenemos pocas vocaciones, debemos salir, como Abraham y Sara, hacia nuevos lugares, comenzar nuevos ministerios y atraer nuevas vocaciones. Si no hacemos esto, se producirá la hipotermia y, francamente, moriremos. Lo que se nos pide, creo yo, es una franca esperanza en la verdad del Evangelio y en la verdad que nuestro Fundador encarnó cuando tenía muy pocos recursos y aun así se arriesgó a enviarlos por todas partes.  

Pero, ¿no es esto simplemente una retórica idealista? Cuando en algunas unidades de nuestra congregación la media de edad se aproxima a ochenta años, ¿podemos de verdad comenzar nuevas misiones, asumir nuevos trabajos y atraer nueva vida? Desde la prudencia y el sentido común la respuesta es no. Pero arriesgando por el Evangelio, la respuesta es sí. Nada es imposible para Dios. Si nos arriesgamos a un nuevo nacimiento, el Evangelio nos asegura que eso pasará.

Un nuevo riesgo radical, eso creo, es el reto para las zonas envejecidas de nuestra congregación. Contra todo sentido común, basados en la verdad del Evangelio y en el lema de nuestro Fundador, tenemos que arriesgarnos para hacer algo nuevo, nuevas misiones, nuevos trabajos, invitar a los jóvenes a unirse a nosotros e invitar a los laicos a participar en nuestro carisma de nuevos modos. No arriesgarse es aceptar una alternativa que no da vida ni tampoco la sostiene.

¿Cuáles serán esos nuevos trabajos, nuevos riesgos, nuevas misiones? No lo sabemos o quizás ya los estamos haciendo. Tenemos que rezar juntos, imaginar juntos, discernir juntos y sobre todo tomar los riesgos juntos con una fe franca en la verdad del Evangelio. Dios nos mostrará el camino.

¡Intentarlo todo por el Evangelio! ¿Cuál es la nueva audacia que se pide a los sectores más jóvenes de la congregación?

Las unidades jóvenes y en crecimiento de la Congregación necesitan arriesgar con una mayor audacia yendo hacia los márgenes y saliendo hacia los pobres. Nuestro fundador tomó ese riesgo precisamente cuando era un joven presbítero diocesano y salió hacia los márgenes para servir a los que nadie más estaba sirviendo. Cuando miramos nuestra historia vemos que hemos prosperado siempre que nos hemos arriesgado a hacerlo. Tenemos que arriesgarnos a ir hacia la gente que no tiene a nadie más.

Se cuenta una historia de una municipalidad en Inglaterra que por algunos años realizó sus servicios sociales de esta manera: en un día determinado, los oficiales de gobierno encargados de distribuir alimentos y otros recursos a los necesitados, se reunían en un lugar y distribuían las cosas entre las diferentes Iglesias. Los católicos se alineaban tras un obispo determinado o los presbíteros que los representaban. Los anglicanos, protestantes y cuáqueros hicieron lo mismo. Pero siempre quedaba gente que no pertenecía a ninguna iglesia y por los que nadie abogaba. La persona que representaba al Ejército de Salvación dijo: ¡Todos los que no tienen a nadie, vengan conmigo!  

Como oblatos necesitamos incorporar eso en nuestro lema, “todos los que no tienen a nadie vengan con nosotros”, particularmente cuando discernimos a qué lugar desplazarnos y con qué recursos. Tenemos que resistir a la tentación de movernos hacia la seguridad, la búsqueda de estatus y la comodidad. Y eso requiere audacia, riesgo y confianza evangélica.

Este es un reto para todas las partes de la congregación, pero particularmente es un reto para las unidades más jóvenes cuando disciernen dónde estar y a quién servir. El programa de los “Doce pasos” tiene un maravilloso eslogan que dice simplemente: “El programa funciona si tú lo trabajas”. Esto es doblemente veraz para el Evangelio: ¡El Evangelio funciona si trabajamos … y funciona precisamente en la medida en que lo trabajamos! Si nos arriesgamos con confianza, si nos arriesgamos moviéndonos hacia lo que el carisma nos pide, Dios nos dará el futuro que merecemos.  

Si nos arriesgamos a dar nueva vida, el Evangelio nos asegura que sucederá. Después de todo, somos el pueblo de la resurrección y nada podrá retenernos en la tumba por mucho tiempo.

Preguntas para la reflexión…

  1. Leyendo esta reflexión, ¿cuál es la idea que me inspira o me irrita? ¿Por qué?
  2. ¿Hasta qué punto tenemos que arriesgar (haciendo algo nuevo) si hemos de sobrevivir en las zonas donde la congregación envejece?
  3. ¿Seguimos acercándonos con determinación hacia los pobres?
  4. En su opinión, ¿cuál es el sueño salvaje y sin censuras que crees que la congregación debería intentar?